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El País, Opinión  18/4/13

Cuando todos los demás abandonan es cuando el filósofo empieza a trabajar.

Para Eva B., por si se le ocurre

Hace ya algunos años, cuando todavía iba al colegio, plantearon en la clase de mi hija la consabida pregunta acerca de a qué se dedicaban los respectivos padres. Cuando le llegó su turno, ella contestó que su padre era filósofo. Su compañero de pupitre, algo sorprendido por el exotismo de la respuesta, le reclamó mayor concreción: “¿Y qué hace tu padre?”, a lo que mi hija respondió: “Mi padre piensa”. Respuesta ante la cual el niño en cuestión reaccionó como un autómata exclamando: “¡Pues mi padre también piensa y no le pagan!”.

He recordado muchas veces esa anécdota, bien representativa de una mentalidad por desgracia demasiado frecuente. En su supuesto candor (bueno, la verdad es que la criatura era bastante repelente), aquel niño manejaba dos supuestos que le parecían obvios. El primero, que la valoración económica de cualquier actividad está en función de la oferta y la demanda, y en consecuencia algo que todo el mundo es capaz de hacer no debería merecer apenas retribución. El segundo supuesto era el de que eso que denominamos pensar hace referencia a una actividad homogénea, esto es, una actividad que no solo todo el mundo hace, sino que hace de la misma manera.

Tal vez resida aquí el quid de la cuestión, aquello que el angelito que compartía pupitre con mi hija daba absolutamente por descontado, y que resultaba todo menos obvio. Porque si otro niño de la clase hubiera contestado a la misma pregunta acerca de a qué se dedicaba su progenitor diciendo “mi padre es cantante”, probablemente a nadie en el aula se le hubiera ocurrido apostillar “pues mi padre también canta en la ducha y no le pagan”, porque de inmediato el resto de la clase se le hubiera echado encima observándole la diferencia abismal entre la calidad profesional de uno y el amateurismo del otro.

Se supone, pues, que lo que concede sentido a la actividad de los filósofos profesionales (al margen de que, además, puedan ser profesores de filosofía y, por tanto, se dediquen a transmitir la herencia recibida), lo que les concede un plus sobre el homogeneizador “todo hombre es filósofo” gramsciano, es una presunta especificidad en su forma de pensar. Destaco la palabra forma para subrayar que no se trata de que el filósofo aplique su pensamiento a un objeto propio, al margen de los objetos de otros saberes particulares, como gustaba de pensar una rancia metafísica. Como tampoco se trata de que disponga de unas herramientas propias, de un utillaje teórico-conceptual exclusivo que le permita acceder a dimensiones escondidas o secretas de aquellos objetos. Con la palabra y la razón —sus únicos instrumentos de trabajo—, el filósofo no puede pretender el acceso a estratos de lo real inalcanzables por otros discursos. El filósofo, pues, no piensa en cosas distintas a aquellas en las que piensa el común de los mortales, sino que, pensando en las mismas, lo hace de otra manera.

¿De qué manera?, se preguntará de inmediato cualquier lector. Con lo que bien pudiéramos llamar radicalidad filosófica, esto es, esforzándose por ir hasta el límite mismo de lo que estamos en condiciones de pensar. Para intentar visualizar la naturaleza de esta forma de pensar podríamos invocar en nuestra ayuda a las figuras de Michel Foucault y de Ortega. El primero señalaba en su celebrado opúsculo Nietzsche, Marx, Freud, en el que sintetizaba las líneas mayores de lo que Paul Ricoeur había llamado “la escuela de la sospecha”, que lo característico de estos tres autores era la crítica a la conciencia como punto de partida, esto es, la impugnación del convencimiento —burgués, optimista y biempensante en el fondo— de que el planteamiento cartesiano había legitimado de manera irreversible la racionalidad humana, cuando en realidad lo que a este le había sucedido, como asimismo observaron los tres, es que había sido incapaz de tematizar la metaduda (esto es, la existencia de un lugar desde el que poder criticar la propia conciencia).

Por su parte, Ortega, en su texto Ideas y creencias, planteaba la distinción, también muy citada, entre ideas y creencias No hará falta reconstruir con detalle, por sobradamente conocido, el trazado de la línea de demarcación que separa ambas nociones: mientras que las ideas son pensamientos que se nos ocurren (de ahí que en algún momento Ortega las denomine también “ocurrencias”), lo más característico de las creencias es precisamente el hecho de que no desembocamos en ellas a través de actos específicos de pensamiento que, por el contrario, se hallan ya en nosotros, constituyendo el entramado básico de nuestras vidas. Dicho con la proverbial rotundidad orteguiana: las ideas se tienen; en las creencias se está.

Pues bien, es precisamente en la intersección de ambas aportaciones donde debemos ubicar la especificidad de la tarea filosófica. El contenido de ese pensar al que se aplica el filósofo consiste en la permanente sospecha de lo que damos por descontado, de aquello que ni ponemos en cuestión porque apenas lo alcanzamos a percibir, esto es, a visualizar como idea porque se ha mimetizado con lo real al mutar a creencia y, por tanto, nos resulta imposible de someter a crítica. No en otra cosa consiste la radicalidad filosófica a la que antes se aludió, el llegar hasta el límite de lo que estamos en condiciones de pensar al que se hizo referencia. Que no es, por tanto, ninguna reivindicación de lo inefable o ningún reconocimiento, derrotado, de nuestras limitaciones. Las hay, qué duda cabe, pero, evocando a Wittgenstein, están para ser forzadas, ampliadas, ensanchadas.

Por formularlo de una manera algo rotunda, el filósofo inicia su andadura cuando el resto abandona, cosa que casi siempre suele hacer con un argumento del tipo “hasta aquí podíamos llegar”. Pues bien, es cuando los demás se retiran, creyéndose cargados de razón (siendo así que solo acarrean tópicos en la mochila) y dejando como frase de despedida un tan solemne como pretencioso “apaga y vámonos”, cuando el filósofo enciende su modesto candil y se pone a pensar sobre aquello que el resto querría condenar a la oscuridad de lo impensable.

Manuel Cruz, Hay quien piensa y no le pagan, El País, 18/05/2013

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Igualada
Els professors de filosofia reclamen recuperar el prestigi de l’assignatura

igualada 2010

Uns 200 professors de filosofia, pares i alumnes s’han concentrat a Igualada per reivindicar més hores lectives per l’àrea de filosofia al segon cicle d’ESO i al Batxillerat. Consideren que el temps destinat a l’ensenyament de la filosofia s’ha d’igualar al que tenen altres matèries com les matemàtiques, la física o la biologia.

Pel professor de filosofia Joan Ordi, de l’institut de Santa Margarida de Montbui, a l’Anoia, la filosofia és imprescindible perquè els alumnes del segon cicle d’ESO i del Batxillerat afrontin, en una edat crucial, les grans qüestions que han preocupat a l’ésser humà des del seu origen.

Reclamen que es doti l’assignatura de filosofia de tres hores setmanals de classes a primer de Batxillerat i de quatre a segon. També exigeixen que sigui considerada una matèria imprescindible i obligatòria a la selectivitat. D’aquesta manera s’equipararia a les matemàtiques, la física i la biologia. La petició ja ha arribat a la Conselleria i al Ministeri d’Educació.

La importància de la filosofia en la formació

En l’acte reivindicatiu d’aquest dissabte, a la plaça de Cal Font d’Igualada, un grup de docents de la matèria han llegit frases cèlebres de filòsofs de renom, com Kant, Ortega y Gasset i Unamuno, que també reclamaven, a la seva època, la importància de la filosofia en la formació. Ara, els docents reclamen que l’assignatura recuperi pes, ja que està patint un “progressiu ofec i menyspreu”, segons les persones concentrades.

És el tercer any que es convoca una concentració amb el mateix objectiu, després de les realitzades a Barcelona i Girona. L’any que ve la reunió serà a Mataró.

Clam a favor de la filosofia a Igualada. (vídeo)

Avui. Societat

Fotografies. Xavier Serra


Manifest d’Igualada


en defensa de la Filosofia a l’educació secundària


Fem públic que:

1. Docents i alumnes patim un progressiu ofegament i menyspreu en l’àrea de la Filosofia en l’actual currículum, tant pel que fa a la reducció d’hores lectives com al tractament que es rep.

2. El seny mostra i l’experiència confirma que resulta inviable qualsevol matèria d’ensenyament amb una hora lectiva setmanal, com és el cas de l’Educació eticocívica.

3. Cal una reacció decidida de la comunitat universitària i investigadora i de les instàncies socials i públiques per a protegir l’educació en l’autonomia, la crítica i la responsabilitat civil. El tronc comú humanístic és un eix bàsic per a estructurar un bon Batxillerat en sentit europeu.

4. Tant l’educació ètica com la transdisciplinarietat són necessàries en l’educació dels joves. El Parlament de Catalunya ha reconegut (Resolució 951/VI de 2001) que “la filosofia palesa els vincles entre els diferents àmbits del coneixement en la seva doble dimensió cultural, la humanística i la científica”.

Ens adherim a accions prèvies com:

1. El document de l’Associació Ad-Hoc (desembre de 2007) per a dignificació de la Filosofia

2. La taula reivindicativa Madrid (2009), juntament amb la Plataforma estatal.

3. El manifest de l’ADEF i de les altres en diferents Comunitats autònomes.

4. El Manifest de Girona (2009)

Manifestem que:

1. En un temps de desorientació global com és el nostre, els sistemes educatius haurien d’afavorir els sabers que ajuden als joves a cercar el que és nuclear de la vida i la seva comprensió.

2. La UNESCO i diferents agències internacionals reconeixen l’estreta vinculació entre l’educació filosòfica i el respecte dels drets humans i les llibertats públiques i personals arreu del món.

3. La iniciativa d’introduir una Educació filosòfica i per a la ciutadania en l’ensenyament secundari obligatori obtindrà resultats tan sols si es planteja seriosament i no com a ridícul maquillatge de “correcció política”.

4. La recerca i les anàlisis filosòfiques col·laboren decididament en la maduració dels estudiants i en el seu compromís per la pau i els drets. En concret, l’ètica i el coneixement del pensament dels principals autors requereix un tractament acadèmic seriós.

Demanem que:

1. S’aturi immediatament la negació calculada d’hores que l’alumnat hauria de dedicar al pensament filosòfic.

2. Es recuperi la denominació Ètica (4t d’ESO) i Filosofia (1r de Batxillerat) per les matèries que la LOE anomena “Educació eticocívica” i “Filosofia i ciutadania”, respectivament, i que s’assignin exclusivament a docents de l’especialitat de Filosofia.

3. Per a poder desenvolupar adequadament Filosofia de 1r de Batxillerat, es doti aquesta matèria amb 3 hores setmanals .

4. Que la Història de la Filosofia (2n de Batxillerat) compti amb 4 hores setmanals, com les altres matèries d’aquest curs terminal, i sigui considerada una àrea imprescindible i obligatòria a les Proves d’Accés a la Universitat.

Aquest Manifest d’Igualada,

haurà estat difós a aquesta ciutat el 10 d’abril de 2010.

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